martes, 4 de noviembre de 2008

Fábula: El perro, el gato y el ratón.


Como se sabe, la convivencia de un perro, un gato y un ratón es muy difícil, pero en esta casa, la casa más grande del reino animal, podían convivir, o al menos eso parecía, ya que eran muy buenos compañeros. Pero un día todo cambió.
Una mañana el trío revoloteaba por toda la casa, dando saltos, ladridos, arañazos y corridas; la carne del perro, la leche del gato y el queso del ratón habían desaparecido. Cansado de tanta corrida el perro decidió organizar una reunión.
- Esto no puede seguir así, debemos conversar para solucionar este problema. Dijo el perro muy enojado.
- Bueno, pero alguien tiene que ser el culpable, estos platos no pudieron desaparecer por sí solos. ¿Quién habrá sido? Comentaba el gato mientras se lamia la patita tratando de acomodar algunos pelos que le habían quedado parados.
- El ratón no pudo ser, ¿para qué va a querer carne?, además con un poquito de queso ya está satisfecho. Dijo el perro y el ratón asintió con la cabeza.
- ¿Y yo, para que voy a querer queso?, los perros odiamos el queso, y la leche todavía más. Jamás podría ser yo.
El gato, que dejó de lamerse agregó.
-Es verdad, y yo podría comer carne, pero queso jamás, no es nuestra costumbre.
El perro movió la cabeza con gesto de afirmación, pero enseguida su rostro cambió, algo lo intrigaba y se acercó a la computadora perruna, que tenía un teclado con muy pocas teclas, la a, la u y la g. Tipeó con gran velocidad, gugugu.guauguagua.gua.guauu.
- ¡Aja!, es lo que imaginaba, por lo que dice la guaukipedia, el queso es un lácteo, y también la leche, como pertenece a la misma familia, me pregunto ¿por qué un gato que sí puede tomar leche no puede comer queso?
El gato muy preocupado tartamudeó.
- Y… po… porque… soy…. ¡¡Gato!!... y los gatos no comen queso.
- Pero es un lácteo. Él es el culpable. Dijo el ratón que ponía las patitas en su cabeza indignado de tan lamentable noticia.

Siempre me dijeron que los gatos son traicioneros, y es así. Comentó el perro, que no dudó en traer una manta, poner las pertenencias de su ahora ex amigo y echarlo de patitas a la calle.
- No queremos traicioneros, siempre fuimos amigos y esto no se puede perdonar. Así el perro le dio la manta y abrió la puerta.
El gato, que no podía creer lo que pasaba se fue cabizbajo por la calle principal del reino animal, yendo, quien sabe, a algún sitio donde pasar la noche, quizás días o quizás meses.
-Asunto resuelto, aunque lo voy a extrañar. Dijo el perro. Y el ratón se fue preocupado a su cama que estaba en la alcoba más alta de la casa, el perro quien dormía en la alcoba vecina hizo lo mismo, pero en el camino el ratón se detuvo y le dijo:
- ¿Y por qué yo te tengo que creer?, ¿y si realmente él no fue y el culpable sos vos?
-¿Pero cómo voy a ser yo?, ya di mis explicaciones, los perros no comemos queso y menos tomamos leche.
- No se, hay perros que comen cualquier cosa, yo conozco algunos.
- Bueno, pero no es mi caso. Se terminó la charla.
- ¿Y si sos sonámbulo?
-¿Sonámbulo yo?
- Sí, podría ser. ¿Por qué no? En esa panzota seguro entra mucha comida y dormido te comiste todo.
-Es imposible.
- ¿Y si vamos al doctor y así te abren la panza?
- Ni loco, jamás haría una cosa así.
-Es la única manera, o vamos al doctor a que te abran la panza o vos también te vas a tener que ir.
El perro no dudó, siendo tan grandote podría ser que por las noches tuviese ganas de comer, entonces agarró una manta, puso sus pocas pertenencias y se fue por la calle principal del reino animal.
El ratón feliz prendió su equipo de música, invitó a todos sus amigos ratones, algunas que otras lauchas y se armó una gran fiesta. Piñatas con queso, torta de queso, y sanguches de queso.
- ¿Cómo lo hiciste? le preguntó una rata amiga.

- Muy fácil, sabía que escondiendo la comida jamás sospecharían de alguien tan insignificante como un ratón, alguien con un estómago tan chiquito.
La música no dejaba de sonar, y sonaba tan pero tan fuerte que llego a los oídos de los demás habitantes del reino animal, y por supuesto a los oídos del perro y el gato que tan rápido escucharon el sonido de la música pudieron reconocer que venía de su casa y no dudaron en ir a ver qué sucedía.
La puerta se abrió de repente y todos quedaron mudos al igual que la música. En un sector de la mesa pudieron ver los platos que habían desaparecido.
- ¡Ajá! Dijo el perro. – así que fuiste vos quien robó la comida.
- Discúlpenme. Suplicó el ratón. – No me echen de esta casa, no quiero irme lejos, me da mucho miedo, soy muy chiquito.
Y así fue como el perro se disculpó con el gato, se dieron las patitas aunque a penitas, no se podía pedir mucho, eran perro y gato. Al ratón no lo echaron de la casa, pero ya no tendría su gran alcoba, le hicieron una puertita ovalada en la pared y lo dejaron vivir ahí, y muy de vez en cuando se lo veía correteando la casa en busca de comida.
Aquella vez el perro aprendió la lección, desde ese mismo momento evitaría los prejuicios y no se dejaría llevar por las apariencias, porque como se sabe, las apariencias casi siempre engañan.

S.Luc.

2 comentarios:

Sergio Dabal dijo...

Que blog lindo y sano has hecho !!!! Me gustó !!! Mucha suerte !!!!

beluna dijo...

hola solcito!!
no sabia de la existencia de este flog!!

me voy a pasar seguido!! :)

besi!!

noris! (beluna)